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Mortarch Of Blood

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Mortarch Of Blood

Mensaje por Kuja el Mar Nov 08, 2016 3:36 pm

INICIA LA TRANSMISIÓN
 
La toma comienza dentro de un edificio viejo, la pintura de las paredes esta desgastada, el piso de madera está destrozado con pedazos directamente podridos, partes donde debería ir loseta están vacíos, dejando a la vista la tierra que está debajo, con otros tramos rotos y partidos a la mitad. Todo tiene una ambientación muy café, descolorida. La cámara recorre un poco los pasillos, momento en que se empieza a ver que el edificio en el que nos encontramos es un viejo gimnasio. Hay viejas pesas tiradas por todos lados, máquinas para hacer ejercicio oxidadas, algunas otras con reparaciones hechas con cinta plateada de forma muy amateur, mientras que unas se ve que son muy rudimentarias en todo sentido, como si las hubieran hecho solo para un par de ejercicios y luego las hubieran botado.
 
Se atraviesa un pasillo llegando a una zona enorme, en la cual pronto se descubre la razón del espacio extra, justo en el centro se encuentra un cuadrilátero, pero este resalta a comparación del resto del edificio, el ring se encuentra en perfectas condiciones. La lona brilla, los esquineros están bien colocados, las cuerdas están tensas y parece que estuviera listo para recibir cualquier clase de combate en el momento que sea. A los al rededores del encordado hay cuatro sacos de arena, más grandes de lo normal que cuelgan directamente desde el techo. Gastados y con costras de la lona que los recubre cayéndose a pedazos.
 
Entonces se oye un ruido y la cámara se detiene de golpe, parece que se asustó. El ruido sigue y comienza a ser constante. “Uno dos, uno dos tres cuatro” golpes en seco. Junto a los impactos se escucha una respiración agitada. “Uno dos, uno dos tres cuatro” siguen los golpeteos. Tras un par de segundos se identifica de donde viene el sonido, detrás del ring hay una puerta abierta, que parece dar a una habitación más pequeña. La cámara rodea el cuadrilátero, lo graba un poco mientras camina, es a penas distinguible, pero se ven un par de Alas dibujadas sobre la lona.
 
El camarógrafo llega finalmente a la puerta, la atraviesa con un chirrido, sin que en ningún momento los golpes en seco dejen de sonar, y debido a la cercanía al origen del ruido ahora suenan con más fuerza. A pasos lentos se va recorriendo el pasillo, cada vez los golpes más intensos, todo aumenta, la tensión esta al máximo, el pequeño pasillo termina y una sombra enorme se ve reflejada en la pared frontal debido a la única luz que parece tener la solitaria habitación. Se nota el contorno de un hombre golpeando un objeto de cerca de metro y medio de alto que no se mueve ni un centímetro sin importar los golpes que recibe. Pronto se hace evidente que no está golpeando un saco de arena.
 
Casi con temor, el hombre de la cámara cruza el pasillo y voltea el lente hasta el origen de la sombra que veía de frente, la escena es impactante. Hay un enorme tocón de árbol talado, increíblemente grueso recubierto con trozos de tela por la parte trasera que deberían rodearlo, sin embargo, en una parte la tela esta desgarrada y caída en el suelo, con manchas rojas debido a que los golpes que ha recibido durante tanto tiempo la han ido desgastando. Con la cámara baja, se ve un gigantesco charco de sangre alrededor del tocón, como si este sangrara, el líquido vital aun chorrea en su estado más puro, la sangre es reciente… Muy reciente. La toma asciende, para descubrir quién es el hombre que se está torturando a si mismo con semejante forma de ejercicio. Quien estaría tan loco para mutilarse de esa manera? Quien tendría tan poco cuidado por su persona para lastimarse hasta ese extremo? El descubrimiento, casi aterrador… De frente al tocón de árbol, golpeando una y otra vez sin detenerse, esta Kuja.
 
El así llamado, Mortarca De La Sangre se ve destrozado en una escena espantosa, sus manos a penas recubiertas por unas vendas están completamente manchadas de rojo y escurren sangre cada vez que las pega a su cuerpo para soltar el siguiente combo. Con cada impacto, gotas carmesí salen disparadas en distinta dirección, llenando la habitación de pequeñas manchas por todos lados. Sin embargo, lo más impresionante es su rostro. Su rostro es una masa sanguinolenta, completamente roja, solo hay dos espacios en ese sangriento mar, sus ojos, abiertos que a penas y parpadean. Pareciera que llorara y sudara sangre. Se hace evidente con rapidez que todo ese líquido vital no proviene de sus manos o de las gotas que salen volando con cada disparo de su puño, sino que tiene una herida abierta a mitad de la frente, de la cual brota un rio rojo de forma ininterrumpida.
 
The Dark Ángel va descalzo, parado sobre un charco de su propia sangre, unos shorts bastante cortos y sin ninguna otra prenda salvo las vendas destrozadas que recubren sus manos palpitantes, su pecho y abdomen manchados de rojo. “Uno dos, uno dos tres cuatro” reza una y otra vez, en un monologo autónomo, mientras golpea, golpea, golpea… Y vuelve a golpear. No se detiene por ninguna razón, ni por la cámara, ni por el rostro aterrado del camarógrafo que pasmado no se mueve un milímetro, solo una pausa cada 20 o 30 golpes para pasarse las vendas, que en algún momento fueron blancas, ahora rojas, por los ojos y quitarse ese plasma oscuro que nubla su visión. Entonces, el mundo entero tiembla. Durante un par de segundos, Kuja voltea a ver a la cámara de reojo, se notan sus pupilas posadas en la toma, mirándola fijamente.  No sonríe, no dice nada, solo mira un par de segundos… Y regresa a su entrenamiento.
 
“Uno dos, uno dos tres cuatro” dice Kuja de forma casi religiosa, con una devoción impensada en alguien como él. “Uno dos, uno dos tres cuatro” repite con fe ciega. “Uno dos, uno dos tres cuatro” continua, entregado por completo. “Uno dos, uno dos tres cuatro” suena su mantra con fervor inusitado.
 
El cámara comienza a retroceder aterrado por el espectáculo que está presenciando, en un estado de shock completo, incapaz de creer lo que filma. Intenta no interrumpir, lentamente camina hacia atrás moviéndose casi con respeto, regresando al pasillo por el que entro… Y durante cada segundo: “Uno dos, uno dos tres cuatro” Y las gotas de sangre siguen volando por toda la habitación. “Uno dos, uno dos tres cuatro” su frente sigue derramando su sangriento rio sobre rostro, pecho y abdomen. “Uno dos, uno dos tres cuatro” sus manos destrozadas continúan como inmunes al dolor. “Uno dos, uno dos tres cuatro” y el charco sobre el suelo se hace más y más grande…
 

FIN DE LA TRANSMISIÓN
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