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The End... Of The Campaign

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The End... Of The Campaign

Mensaje por Kuja el Lun Abr 24, 2017 9:47 pm

(Musica de fondo)


Un mes después de Hardcology


Preface:
Un hombre se ha obsesionado con el conocimiento. Busca saber lo que no debería. Todo con el afán de comprender el porqué de sus propias acciones y entender para que ha servido su obediencia. Sus ojos no han bastado para ver lo que debería, así que busca tener los suficientes… Para ver lo que nadie ve.

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Un desierto mortalmente quieto. Excepto por una figura negra que, oculta en muchos mantos se desliza sobre la arena, dejando un rastro como el de una serpiente. La tierra era estéril, pero estaba lejos de estar deshabitada. Dentro de poco tiempo, las legiones marcharían sobre esas mismas arenas.
 
A donde se dirige? Pocos saben. Por qué lo hace ahora?...
 
Una amarga batalla está por comenzar. Lo sabía mejor que nadie. Tenía que estar listo, necesitaba terminar con aquello que no lo dejaba dormir.
 
El viajero se movía constante hacia delante, despreocupado. Una vez llego a unas tumbas con extraños grabados cerca de un acantilado, la figura solitaria atrajo atenciones no deseadas. Espíritus amargos de otro mundo, habitantes de ese pequeño panteón arcano. Sin embargo, una vez identificaron quien era el extraño que irrumpía su paz, retrocedieron. Una fuerza indesafiable como esa es una amenaza a la que hay que temer… Un Mortarca no es un asunto baladí.
 
Sin pausa, dejo el panteón y continúo su viaje, moviéndose con rapidez, pues su objetivo se encontraba ya a la vista. Un mausoleo antiguo de mármol, cuya entrada estaba sellada con dos enormes rocas que funcionaban a modo de puertas. Al acercarse, paso lo que hacía milenios no sucedía. El suelo tembló y un sonido chirriante lleno el ambiente… Las enormes piedras comenzaron a moverse, dando paso a un ente que de alguna forma reconocían. Identificaban ese Aura, el mismo que había tenido siglos atrás otro hombre elegido por su creador, el ultimo Mortarca que logro entrar en esas viejas ruinas. Su cadáver hoy en día era polvo mezclado con la arena, pero cada ser humano elegido por el Dios de la Muerte para ser un Mortarca compartía su esencia. Pocas historias hablan de lo que aquel ser humano buscaba al entrar ahí, y menos aún siquiera se atreven a especular sobre lo que encontró… Pero todas coinciden en algo. Al salir, era un Ser completamente distinto.
 
Pasaron varios segundos antes de que las grandes puertas estuvieran abiertas por completo y le dieran la bienvenida. Una vez entro, la cripta se cerró a sus espaldas. El lugar parecía ser tan profundo como el abismo, lleno de estatuas del Dios y de otros Mortarcas de la antigüedad. Ninguno de esos antiguos hombres o de los artesanos necrotectos que las tallaron, permanecían. Todos habían caído en viejas guerras por tierras lejanas. Zócalos vacíos, tumbas y templos… Es lo único que sobrevive.
 
El lugar era oscuro como la boca del lobo, pero él veía con claridad. Solo que, lo que a sus ojos era lucidez, a su mente se traducía en penumbra. Mientras caminaba, las dudas asaltaban su ser. Que hacia ahí? Ni siquiera lo sabía. Después de lo que había tenido que hacer un par de meses atrás, de su “prueba particular” algo se rompió en su interior. Había aprendido a ser un soldado, si, a obedecer, también. Si El Dios mandaba, su obligación era atender sin poner peros, y lo hizo, pero eso no apaciguaba su mente. En su momento se tuvo que callar, ahora quería gritar. Conocía explicaciones y razones de la lección aprendida, solo que eso no impidió que algo suyo se esfumara con el viento. No se le había nombrado Mortarca para tener que hacer esas cosas, o al menos eso pensaba. Se imaginaba diferente. Por eso necesitaba el conocimiento, por eso necesitaba más ojos. Se encontraba ahí para encontrarlos?
 
Decidió entregar su vida al Dios hace mucho tiempo… Tenía que dejar de pensar.
 
Al llegar a unas puertas que no se abrieron a su paso, canto palabras malditas de poder, hecho hacia atrás su capa e impulsó los brazos extendidos hacia la negrura, rayos purpura brillaron y el aire vibro. Entonces, el camino se abrió.
 
La cámara frente al Mortarca era enorme y antigua, sin duda había inspirado asombro a cada ser que alguna vez se hubiera postrado a sus puertas. No importa desde que dirección miraras, se veía lo mismo, una habitación negra, estatuas a cada costado… Pero, una arquitectura perfecta. Ese lugar se encontraba a decenas de metros bajo la superficie, pero de algún lugar, entraba un haz de luz solar que caía justo encima del trofeo más grande de la cámara, una enorme pirámide de color negro. Su descomunal oscuridad no reflejaba el sol abrasador que entraba del techo, pero lo absorbía. Quienes alguna vez contemplaron ese tesoro opresivo, sintieron un escalofrío estremeciéndoles, incluso en medio del calor abrasador. El Mortarca no fue una excepción.
 
Todo incitaba a rendir homenaje, debido al sentimiento de asombro naciente. Una maravilla y un terror al mismo tiempo.
 
Pasaron varios minutos sin que el Ser se atreviera a dar un paso dentro de la cámara. Algo tenía que hacer antes. Saco una navaja de entre sus mantos y se hizo dos cortes pequeños en las mejillas, debajo de sus ojos. La leyenda decía que quien quisiera ver el verdadero tesoro tenía que derramar lágrimas de sangre. Y para entrar, se tenía que hacer un sacrificio. Seguro pocos en el pasado entendieron las palabras malditas como él las comprendió… Si otros interpretaron mejor, pasaron. Si en ese momento se equivocaba y su interpretación era errónea… Nunca saldría.
 
Cerró los ojos, esperando que la sangre corriera por su rostro, cayera en sus ropas y finalmente tocaran el suelo. Los segundos se volvieron minutos y los minutos horas. Lloro sangre… Y abrió los ojos.
 
Todo era igual… ¿Aun no podía entrar? El piso sobre el que estaba no cambio, las estatuas no se movieron, seguían mirando hacia… La Pirámide? Siempre habían mirado hacia ella? La pirámide! Seguía justo en el mismo lugar, en la misma posición, abrasada por el rayo solar, sin reflejar sombra alguna, absorbiendo la luz… Pero… Tenía un objeto justo en la cima… No estaba ahí antes… Era un cráneo… Partido por la parte superior, un enorme agujero.
 
El Mortarca De La Sangre dio un paso adelante.
 
Un estruendo lejano comenzó lejos de la vista y, como un trueno rodante, cayó en cascada. Las mismas montañas se habrían derrumbado hacia el interior, los templos y las estatuas talladas en las paredes se hicieron añicos.
 
Pero no retrocedió, dio otro paso y continúo caminando al interior, adentrándose en la penumbra. Su determinación no tenía comparación, había llegado ahí con la intención de obtener las respuestas que buscaba. Necesitaba comprender! Necesitaba entender al Dios…
 
Llego finalmente al altar en el que se encontraba esa pirámide negra, encumbrando un cráneo roto. Y, solo por un instante… Titubeo. Estaba frente a un tesoro que nadie había admirado durante siglos, un objeto que vio correr milenios desde su creación… La Pirámide Negra Del Dios De La Muerte… Y el cráneo… No se sabía a quién pertenecía.
 
Las profecías de fatalidad eran una cosa a tener en cuenta… Pero ahí estaba él… El mayor de los Mortarcas… El más poderoso de los lugartenientes del Dios… La Sangre corría su rostro… Era el momento de terminar con esa pesadilla. Era el momento, de comprenderlo todo.
 
Se acercó a la pirámide, la roso con la yema de sus dedos y sintió un escalofrió, estaba mortalmente fría… Y su superficie exhalaba una energía sombría y poderosa, se podía sentir el Abismo…
 
Sin embargo, su objetivo era el cráneo. El Cráneo perteneciente a un Desconocido… Las leyendas rumoraban que en vida, ese esqueleto perteneció a un Alma Oscura, tan maligna y tan despiadada que el Dios le había querido, tanto que a su muerte guardo su cabeza especialmente en aquella cámara… Como un regalo.
 
Kuja sintió ese poder a penas acerco su mano… Y por primera vez en su vida, El Mortarca De La Sangre sintió miedo… No retrocedió. Se acercó más, acerco su mano a la calavera y algo llamo su atención. A pesar de que el sol brillaba en ese preciso lugar y que la pirámide lo absorbía, algo brillaba. No por el haz de luz, sino por una causa sobrenatural.
 
Algo… Algo brillaba dentro del Cráneo… Una cosa resplandecía desde su interior, se podía ver no por las cuencas vacías, sino por el agujero en la parte superior… Kuja se acercó lentamente, se inclinó e intento mirar adentro…
 
Eran…

Ojos?
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